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MÚLTIPLES LECTURAS, MÚLTIPLES LECTORES
Víctor Jesús Rendón Cazales
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MÚLTIPLES LECTURAS, MÚLTIPLES LECTORES

Prácticas lectoras en relación con y para múltiples actividades, objetos materiales y sistemas simbólicos.

Por Claudia Valdivia y Víctor Rendón

En mayo del 2015 se dieron a conocer los resultados del Módulo de Lectura (MOLEC[i]) con la intención de generar información acerca del comportamiento de los lectores mayores de 18 años en México. El MOLEC creo un panorama de lectura en el que se leían casi cuatro libros al año, poco más de cuatro revistas cada tres meses y poco más de tres y medio periódicos a la semana. Si bien se dieron a conocer estos resultados, esto generó múltiples comentarios, algunos (des) alentadores y otros más dieron paso a cuestionar los planteamientos organizados alrededor de dichos datos.

Debido a la existencia de diversas líneas que pretenden cuestionar los resultados generados por el MOLEC, el siguiente texto acomete abordar sola una de ellas relacionada con el panorama de lectura construido en México una vez que miramos a nuestro alrededor y observamos múltiples pantallas encendidas y una gran diversidad de dispositivos electrónicos –sean estos teléfonos celulares sofisticados, tabletas o laptops- que acompañan nuestras actividades diarias.

De algún modo, es cuestionable la manera en como se ha construido la representación de la lectura en México (y en otros países) pues parece recaer sobre uno de los objetos que ha sido privilegiado y muy representativo del acto de leer: el libro. Este objeto ha sido por muchos años el símbolo predilecto de la lectura; sírvase de ejemplo las imágenes que la Internet arroja al escribir “lectura” o “leer” en el buscador o bien, las imágenes que nuestro propio pensamiento arroja al conversar sobre el acto de leer. Todo ello hace que la lectura parezca reducirse a aquellos elementos físicos impresos que sirven de depósito para las letras, símbolos y/o imágenes. Esto no representa ningún problema en cuanto se reconozcan otras formas y modos de leer pues actualmente existen múltiples dispositivos que posibilitan diferentes tipos de lecturas y que de alguna u otra manera construyen nuevos lectores y nuevas formas de leer.

La sola existencia de los eBooks, los artículos o los informes lanzados en línea o las revistas digitales permiten ejemplificar la presencia de otros tipos de formatos de lectura, y no solo eso, la visita a las páginas de Internet, la consulta de los perfiles de amigos y familiares en las redes sociales o bien, los mensajes enviados y recibidos en el teléfono hacen aún más amplia esta visión de múltiples lecturas y múltiples lectores.

En este sentido, no pretendo menospreciar la existencia de los libros en la actualidad ni privilegiar el uso de los artefactos electrónicos para el acto de leer. Por el contrario, lo que mi argumento acomete es establecer la idea de que la lectura no debe ser reducida a un solo tipo de objetos que son utilizados para dichas prácticas pues, en una sociedad letrada,  la lectura existe en todos lados independientemente de la forma, objetos o artefactos utilizados para ella. Pues así como leemos en libros o en pantallas, también leemos en los anuncios, en los murales e incluso en los productos consumidos diariamente. De igual forma tenemos diferentes formas de leer sean estas colectivas o individuales como aquellas realizadas en las bibliotecas, en el transporte público, en las aceras, en los hogares o en las Salas de Lectura o bien si nos referimos a aquellas lecturas que realizamos sentados, parados o acostados.

Consecuentemente se puede decir que la lectura es un mosaico de prácticas aún más complejas de lo que se ha pensado y en la que existen múltiples fuentes para leer (periódicos, revistas, comics, dispositivos electrónicos) que de diferentes maneras regulan, promueven y posibilitan diversos modos de llevar a cabo estas prácticas. Por ejemplo, uno de esos modos es el que menciona Canclini (2015)[ii] que hace referencia a una lectura parcial y desordenada que remite a las personas que leen partes seleccionadas de un libro, la introducción de una página Web en busca de información de utilidad para tareas o trabajos, las opiniones generadas en un blog, los comentarios en los perfiles de las redes sociales, los datos arrojados en los anuncios fijados en las paredes de la calle o la información nutricional en los productos comercializados. Es decir, se corresponde a una lectura llena de muchos principios y pocos finales pero que finalmente  recaen en diferentes practicas de leer.

De esta manera, damos cuenta que el acto de leer no se puede entender separado de nuestras prácticas cotidianas específicas que le dan sentido, el acto de leer es un acto en contexto que siempre está inmerso en algún tipo de actividades: leemos en el transporte público para estudiar o para distraernos, leemos para realizar la despensa del hogar, leemos los anuncios al caminar por la acera en dirección al trabajo, leemos los comentarios de las redes sociales para participar en discusiones o para socializar con nuestros amigos, leemos el periódico para informarnos de los acontecimientos actuales, leemos los mensajes recibidos en nuestros dispositivos móviles para estar en contacto con amigos y familiares, o bien, leemos las páginas web en busca de información para realizar un trabajo escolar. Lo que pretendo enfatizar es que el acto de leer no es un acto que se dé por aislado, al contrario, es parte de prácticas que acompañan a otras de manera simultánea y que se encuentran situadas en contextos diferentes. Por tanto, “la lectura” no puede reducirse a un simple acto de leer, por el contrario, si es un acto que se da en relación con y para múltiples actividades entonces sería prudente dimensionarlo más allá de lo visible pues son prácticas que se vinculan no solo con los objetos materiales o con otras actividades, sino con los múltiples sistemas simbólicos que lo representan como las letras, colores, imágenes y/o el cuerpo que en su conjunto hacen que existan múltiples “prácticas lectoras”.

Por estas razones, los estudios e indicadores de la lectura en nuestro país deberán de estar enfocados en la construcción de diferentes prácticas lectoras, no sólo de aquellas centradas en los libros impresos. Si bien los datos cuantitativos sobre el número de lectores y de los libros, revistas o periódicos leídos en nuestro país pueden ser de utilidad para la construcción de ciertas formas de leer, también puede ser ventajoso el conocimiento de cómo y para qué las personas leen, de qué forma se aproximan a la lectura o qué utilizan para llevar a cabo dichas prácticas. De manera que hay que dejar a un lado las conclusiones contundentes del tipo “si/no se lee” y propiciar aquellos estudios que puedan tomar en cuenta los múltiples significados que las personas dan a las prácticas de lectura, pues estas también dependen de las formas y circunstancias a través de las cuales los seres humanos recibimos y nos apropiamos de los múltiples textos en nuestra vida cotidiana. Esta manera de entender a las prácticas lectoras apela a la diversidad y a su vez considera necesario el reconocimiento de las diferentes lecturas de aquellos grupos sociales que no están representados en las encuestas.


[i] INEGI. (2015). Módulo sobre Lectura (MOLEC). Recuperado el 24 de octubre de 2016 de http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/boletines/2015/especiales/especiales2015_06_2.pdf

[ii] García Canclini, Néstor; Gerber Bicecci, Verónica; López Ojeda, Andrés;  Nivón Bolán, Eduardo;  Pérez Camacho, Carmen; Pinochet Cobos; Carla y Winocur Iparraguirre, Rosalía (2015). Hacia una antropología de los lectoresMéxico: Paidós y Fundación Telefónica. 

 

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