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Disponibilidad y acceso a las tecnologías digitales: una mirada situada
CLAUDIA PATRICIA VALDIVIA SANCHEZ
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Disponibilidad y acceso a las tecnologías digitales: una mirada situada

Patricia Valdivia*

A lo largo de la investigación doctoral que actualmente realizo, reconozco la presencia de una gran narrativa de progreso en la que distintos actores sociales construyen planteamientos, llevan a cabo diversas acciones y reúnen datos sobre la disponibilidad, uso y acceso a las tecnologías digitales en la población. Identifico la presencia de discursos sociales que buscan “inscribir una pluralidad de eventos, diferentes grupos y perspectivas en una sola historia universal con un telos evidente y predeterminado” (Kam, 2011, p. 7). Esta serie de discursos sociales dominantes sobre las TIC ha sido diseñada, promovida y empleada por diferentes gobiernos, agencias internacionales, grandes compañías y empresas que presentan la adición de tecnología a las actividades sociales como si condujera inevitablemente a un futuro económico y social mejor (Area et al., 2012; Gourlay, et al., 2015). Así, cada discurso social de las TIC resulta ser una manifestación o materialización de las creencias vinculadas a un concepto del progreso lineal, de mejoría continua y de avance (Jackson, 2014).

A menudo estos discursos emplean los números y porcentajes como elementos de descripción del contexto de participación (Han, 2021). Estos aspectos se traducen a un lenguaje de productividad, rendimiento o eficiencia que pueden ser medibles, cuantificables, comparables y que hacen a las sociedades más legibles (Scott, 1998). Por ejemplo, las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) refieren que en 2022 la disponibilidad de tecnologías digitales iba en aumento en comparación con el 2020. Estas instituciones estiman que el 75.6% de la población cuenta con internet en sus hogares, el 96.8% de la población se conecta a la red a través de su teléfono móvil, y este dispositivo representa una de las tecnologías más usadas por la población (78.3% para 2021). Esto significa que casi 9 de cada 10 personas en México son usuarias de un smartphone. Del total de estos usuarios, 93.9% utilizan un teléfono inteligente, 5.9% emplean un celular común mientras que solo el 0.2% tienen ambos tipos de equipos.

La disponibilidad que definen estas organizaciones no considera muchos otros aspectos de igual interés. No matizan sus aspectos materiales, sociales o técnicos, y no retratan fielmente las realidades de las personas ni representan plenamente la diversidad de situaciones tecnológicas que se viven en el país (Barreto-Villanueva, 2012). No reportan si los artefactos son nuevos y actualizados o son obsoletos, si son compartidos entre los familiares o amigos, no detalla la forma y las acciones que realizaron para su adquisición ni las condiciones en que las personas participan con ellos. Si bien la estadística es una ciencia que revela condiciones y características de ciertos procesos, ayuda y orienta distintos proyectos y acciones en muchos ámbitos sociales, se vuelve necesario integrar otras disciplinas para tomar ciertas decisiones en torno a fenómenos y procesos multidimensionales (Barreto-Villanueva, 2012).

Desde la teoría sociocultural (Lave, 2012; 2019; Lave y Wenger, 1991) y los New Literacy Studies (Street, 1984, 1995) en los que enmarco mis indagaciones, he reconocido que no sólo se trata de cuántas personas tienen o no tienen, usan o no usan los artefactos digitales sino del tipo de relaciones que establecen entre sí y con estos recursos, los arreglos que hacen para tener dispositivos y acceder a ellos, en qué momento lo hacen, con qué propósito y cuáles son los resultados de sus acciones (Blommaert, 2008; Lave, 2019; Trimbur, 2020). Esto implica comprender el contexto de participación las personas usuarias de tecnologías digitales y las condiciones de disponibilidad y acceso que permea su participación.

Si se piensa en la diversidad de contextos y en la desigualdad económica, social y cultural en la que viven muchos mexicanos, entonces es posible pensar que la adquisición y uso de las tecnologías también será heterogénea y diferenciada. Desde esta mirada, el acceso a las tecnologías digitales (Kalman, 2004) —entendido como las condiciones sociales necesarias para aprender a usarlas y las oportunidades para participar en eventos donde su uso es prominente— depende de múltiples factores: la posibilidad de convivir con otros usuarios, la circulación de conocimientos y saberes, la disposición de recursos para actualizar dispositivos y softwares, entre otros). Aunado al acceso, la disponibilidad (Capstick, 2016; Kalman, 2004) —las condiciones materiales necesarias para el uso de las tecnologías— también varía considerablemente. Por ello, la homogeneidad retratada en los discursos de la gran narrativa oculta diferencias y desigualdades porque las condiciones materiales y sociales concretas son mucho más complejas de lo que se nombra.

En contextos como Tláhuac, una región al suroriente de la Ciudad de México, la versión dominante de equipos actualizados, conectividad confiable, infraestructura eléctrica estable, plataformas funcionales, mobiliario adecuado o comunicaciones en tiempo real garantizadas se desdibuja. Por ejemplo, con el lema “primero los pobres” el gobierno actual creó e impulsó el “Programa de Conectividad Digital en Sitios Públicos”. Según los reportes de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y la Agencia Digital de Innovación Pública (ADIP, 2019) la Ciudad de México se convirtió en la segunda ciudad a nivel mundial con el mayor número de puntos que ofrecen internet gratuito a sus habitantes. No obstante, los números y cifras que arrojan las instituciones, organizaciones o empresas ocultan “la forma significativa, desordenada y emergente en que se desarrollan las prácticas” (Gourlay et al., 2015, p. 265). Es decir, estas cifras ocultan que la mayoría de estos postes corresponden a las alcaldías céntricas y del norte de la ciudad, las cuales tienen la mayor infraestructura de conectividad y el mayor número de postes (ADIP, 2019; González, 2019).

Por el contrario, las alcaldías ubicadas en la periferia, como Tláhuac, tienen menos puntos de acceso a internet gratuito a través de postes, gozan del menor número de sitios públicos con conectividad a internet y son regiones donde se han habilitado menos puntos de servicio de internet gratuitos. Aunado a que, diversas fuentes retoman testimonios de usuarios que reportan que, a pesar de la existencia de diversos postes y señales de conexión, navegar a través de esos medios es tortuoso, tardado y desgastante (Redacción 24 horas, 2021; Santos, 2021). Es posible distinguir que a pesar de la plétora de recursos digitales disponibles estos no siempre funcionan adecuadamente, no siempre satisfacen las necesidades de las personas, no se han diseñado para los contextos de las personas o no responden a los intereses de los ciudadanos (Ravi et al., 2021).

Con datos que surgen como parte de mi investigación doctoral en curso he distinguido que, si bien hay personas que desde la gran narrativa y los discursos sociales de las TIC emplean sus dispositivos en condiciones óptimas, hay otras que emplean equipos obsoletos, averiados y desactualizados (Barendregt, 2012; Jackson, 2014). La disponibilidad óptima requiere de muchos aspectos y elementos: contar con la economía suficiente para adquirir equipos o conectividad, que estos funcionen apropiadamente, contar con los conocimientos para reparar o reemplazar los equipos en caso de avería o para poder actualizarlos según las necesidades de uso. Los participantes de mi investigación que viven en Tláhuac, al no contar con varios de estos elementos conviven con una disponibilidad relativa[1]. Esto tiene que ver con que, si bien tienen dispositivos digitales o conectividad, son tecnologías digitales que están averiadas u obsoletas, con poca capacidad de memoria y son de segundo uso. Esto les exige que busquen otras maneras para hacer funcionar sus dispositivos y que alarguen la vida útil éstos para buscar otras formas de conseguir conectividad a internet.

Con estas reflexiones que comparto, es posible distinguir que en la periferia y en contextos desiguales como Tláhuac existen personas que enfrentan la escasez y la obsolescencia digital pero que realizan tácticas y buscan otros caminos para seguir participando en prácticas sociales (Squire, 2018). Esta mirada sociocultural y situada posibilita resaltar y reconocer las experiencias de personas como Jade para resituarlos frente a los discursos sociales sobre las TIC, y con ello, nutrir la conversación sobre el acceso y disponibilidad digital desde otros marcos de referencia.

*Maestra en Ciencias con especialidad en Investigaciones Educativas por el Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigación y Estudios Avanzados y actualmente es estudiante del doctorado en el mismo departamento.

Referencias

Agencia Digital de Innovación Pública (ADIP). (05 de diciembre de 2019). Ciudad de México: la segunda ciudad con más puntos de internet gratuito en el mundo. https://adip.cdmx.gob.mx/comunicacion/nota/ciudad-de-mexico-la-segunda-ciudad-con-mas-puntos-de-internet-gratuito-en-el-mundo5-de-diciembre-de-2019

Area, M., Gutiérrez, A. y Vidal, F. (2012). Alfabetización digital y competencias informacionales. Ariel; Fundación Encuentro; Colección Fundación Telefónica. http://www.observatorioabaco.es/biblioteca/docs/147_FT_ALFABETIZACION_DIGITAL_2012.pdf

Barendregt, B. (2012). Diverse digital worlds. En H. D. Miller (Ed.), Digital Anthropology (pp. 203–224). Berg.

Barreto-Villanueva, A. (2012). El progreso de la Estadística y su utilidad en la evaluación del desarrollo. Papeles de población, 18(73), 241-271. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=s1405-74252012000300010&script=sci_arttext

Blommaert, J. (2008). Grassroots literacy: Writing, identity and voice in Central Africa. Routledge.

Capstick, T. (2016). Multilingual literacies, identities and ideologies: Exploring chain migration from Pakistan to the UK.  Palgrave.

González, A. (25 junio, 2019). Sufren en CDMX por WiFi. Digital Policy & Law News. Recuperado el 01 de junio de 2022 en https://dplnews.com/sufren-en-cdmx-por-wifi/

Gourlay, L., Lanclos, D. M., y Oliver, M. (2015). Sociomaterial texts, spaces and devices: Questioning ‘digital dualism’in library and study practices. Higher Education Quarterly, 69(3), 263-278. https://doi.org/10.1111/hequ.12075

Han, B. C. (18 agosto, 2021). La cultura digital hace que en cierto modo el hombre se atrofie. Bloghemia. Recuperado de https://www.bloghemia.com/2021/08/byung-chul-han-la-cultura-digital-hace.html?fbclid=IwAR2ztKxm1zIUk2vgoZ6Cd1jBjg7zUpP7ubU4HZP7LcT6RdoOYzqytzPD838

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Instituto Federal de Comunicaciones. (2022). Encuesta Nacional Sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2021. Comunicado de Prensa Núm. 350/22. Recuperado el 12 de noviembre de 2023 en https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2022/OtrTemEcon/ENDUTIH_21.pdf

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Street, B. (1984). Literacy in theory and practice (Vol. 9). Cambridge University Press.

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Trimbur, J. (2020). Grassroots Literacy and the Written Record: A Textual History of Asbestos Activism in South Africa. Multilingual Matters. [Versión Kindle]. Recuperado desde Amazon.com

 

 

[1] En otro campo de conocimiento se emplea la noción de disponibilidad relativa para explicar la escasez y mala distribución del agua. La disponibilidad relativa es un indicador que permite establecer medidas y ser sensibles a los balances proyectados a futuro. Considerando la disponibilidad total de agua frente a la demanda total humana, la disponibilidad relativa es el rango menor de distribución del recurso considerado como déficit (Sánchez-Ortiz, 2013).

 

 

 

 

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